A través de nuestro Círculo de Educación y Sociedad, CEYS, hemos celebrado el encuentro “La incomodidad de educar: bienestar de docentes y familias en la educación de los niños” en la Fundación Cajasol en Sevilla.

La sesión, impartida por el filósofo y divulgador David Pastor Vico, ha puesto el foco en la necesidad de recuperar la esencia de la labor educativa, transformando los retos actuales en oportunidades de crecimiento. Durante su intervención, Vico ha sido contundente al analizar los roles actuales de las familias y el profesorado, invitando a una reflexión profunda sobre la responsabilidad social que ambos comparten.

Criar a una sociedad y el precio de la trascendencia

"No estamos criando a niños de manera individual, estamos criando a una sociedad completa", ha afirmado con rotundidad el divulgador. Bajo esta premisa, ha recordado que la educación "no es cómoda" y que tener hijos implica una decisión de trascendencia que exige un cambio de pensamiento y un sacrificio direccionado a posibilitar que las nuevas generaciones "sean mejores juntos".

Vico ha criticado que, en una sociedad marcada por el narcisismo y el individualismo, la paternidad se aborde a veces como un mero protocolo o una lista de verificación, cuando en realidad requiere una entrega absoluta. "Los hijos no se pueden querer cuando se tienen, se tienen que desear y amar antes de que nazcan", ha remarcado.

Pantallas frente a juego libre: el origen de la empatía y la crisis intelectual

Uno de los puntos más críticos de la jornada ha sido el análisis del impacto de la tecnología en el desarrollo infantil. El ponente ha advertido de que la sociedad se enfrenta a las consecuencias de dos generaciones completas en las que el cociente intelectual ha bajado, forzando incluso a disminuir los niveles de exigencia académica en la universidad.

Vico ha calificado las redes sociales y formatos como los shorts de YouTube de herramientas diseñadas para entretener y sobreestimular de manera constante, convirtiendo a los menores en seres "zombis" y mermando su desarrollo. Ante esto, se ha mostrado firmemente partidario de prohibir el uso de estas tecnologías a los niños "hasta por lo menos los 16 años de edad", argumentando que, en una sociedad que no es ideal, "el tiempo que tardamos en educar es tiempo donde los niños se siguen muriendo".

Frente al aislamiento digital y el miedo al aburrimiento que sufren las familias —muchas veces alienadas por jornadas laborales extenuantes que impiden la conciliación—, el filósofo ha reivindicado el juego como el factor biológico clave para la adaptación evolutiva y el aprendizaje de habilidades sociales fundamentales: tolerancia a la frustración, liderazgo y trabajo en equipo.

"Aristóteles decía: invita al aprendizaje desde el juego de los niños, porque todo lo que se aprende jugando permanece. La filosofía de Aristóteles es social: es imposible aprender solo, los niños tienen que jugar y relacionarse. Su desarrollo necesita cantidad de juego: las máximas horas posibles al día, los máximas días posibles a la semana, desde los dos hasta los 15 o 16 años", ha explicado.

Sin esta interacción comunitaria en la calle o en los hogares, ha advertido, capacidades humanas clave como la empatía natural y el pensamiento crítico desaparecen: "Estamos criando a nuestros niños de una manera acrítica porque solo conocen el entorno de relación que nosotros les estructuramos".


El papel de las familias y la vocación docente

Estableciendo un claro deslinde de funciones, Pastor Vico ha señalado que las familias deben "poner las cosas fáciles a la humanidad y a la animalidad de nuestros niños", facilitando la socialización y el juego libre. Por su parte, ha definido a los profesores como formadores encargados de dar continuidad en el aula a los valores transmitidos en el hogar, subrayando que "el trabajo del profesor es colectivo".

En este sentido, ha hecho un llamamiento directo a la responsabilidad de los profesionales de la enseñanza: "Ser docente es un trabajo vocacional. Un mal docente puede arruinar la vida de miles de jóvenes. Y un buen docente, todo lo contrario".

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